¿Puedo ayudarle?

¡Tiene un mensaje que desea compartir con el resto del mundo! Ese es un proceso generalmente sencillo: primero destila su información para incorporarla dentro de una narración concisa y fácil de entender, misma que luego presentará ante un público para que éste la escuche, la aprenda y se informe. Su mensaje es entendido. Pero, ¿qué pasa cuando el proceso tiene un paso adicional? ¿Qué sucede si el mensaje debe filtrarse por las costumbres y la sintaxis de una cultura completamente distinta? ¿Será realmente escuchado?

Con el tono de un experimento poco refinado, tomemos unas cuantas oraciones de esta misma página, pasémoslas al inglés con un servicio de traducción gratuita disponible en Internet y luego de nuevo al español:

¿Yo lo puedo ayudar?

¡Tiene un mensaje que deseos para compartir con el resto del mundo! Que es un proceso generalmente sencillo: destila primero su información para integrarlo dentro de una narración fácil y concisa comprender, mismo que entonces presentará antes que un público para que esto lo escuchen, lo aprende e informe mismo.

Es cierto que esta es una traducción del mensaje, pero ¿será éste comprendido realmente? No, si tomamos como evidencia esta prueba sencilla.

Admitamos que el ejemplo es algo ingenioso pero de alguna manera sirve para ilustrar los inconvenientes que presentan los traductores malos, automáticos o faltos de experiencia. Desde el punto de vista de la traducción, la representación verdadera de un mensaje requiere una combinación de conocimientos, profesionalismo, accesibilidad, conciencia del lenguaje y sentido común. Es un conjunto de destrezas que solo se llega a cultivar por medio de la práctica, la participación y el entendimiento. En otras palabras: ¡La experiencia cuenta!

El oficio de la traducción requiere amor por el lenguaje, amor por la comunicación y amor por facilitar la conexión. Mi labor es vincular a las personas, ayudar a que haya comprensión y fomentar la claridad. Tengo la posición privilegiada de escuchar a todos los partícipes de una conversación y la responsabilidad de transmitir significados.

Todo traductor debe personificar su lengua natal y conocer profundamente el idioma al cual traduce. Sin embargo, los idiomas no son estáticos sino que evolucionan como ríos dinámicos en transformación constante. Para traducir correcta y eficazmente, el traductor debe fluir con las corrientes vivas de los idiomas que maneja y cambiar junto con ellos. Debe mantenerse en un estado de aprendizaje constante, participar en actividades profesionales y mantenerse en diálogo y colaboración con colegas, y al tanto de las tendencias del momento, los mercados y los medios de comunicación.

Cualquier lista de requisitos de un traductor experto debe incluir:

  • Habilidades extraordinarias de redacción, edición y corrección que provienen de los conocimientos y no de la tecnología. No obstante, el traductor contemporáneo debe mantenerse a la vanguardia de las innovaciones informáticas y de las herramientas de traducción. Como vimos en el ejemplo mencionado, los procesos automáticos pueden dar resultados terribles por sí solos, pero un traductor con conocimientos tecnológicos puede agilizar su flujo de trabajo en forma exponencial si cuenta con el equipo adecuado. ¡Lo anterior puede significar reducciones importantes de presión arterial y de costos finales!

  • Capacidad de trabajar bien y abiertamente con un equipo de editores, gerentes de proyectos, diseñadores y el cliente. Yo funciono igual de bien trabajando por mi cuenta o dentro de un equipo.

  • Accesibilidad al cliente. Hay mucho qué decir sobre las ventajas de “comprar en el mercado local” y de entablar una relación personal con el cliente. Conocer las necesidades y los objetivos de nuestros clientes significa que hablamos su idioma, literal y metafóricamente. Se puede ahorrar a corto plazo enviando un proyecto al otro lado del mundo, pero esa economía se hace falsa si luego hay que perder tiempo buscando a un traductor lejano con horarios distintos, con el fin de realizar los cambios necesarios para finalizarlo. Eso nos lleva también al siguiente requisito…

  • Conocimiento directo y entendimiento de la audiencia final del cliente. El español no es un idioma uniforme, sino que existen variantes dialectales en todo el mundo hispanohablante. Por ejemplo, son numerosas las diferencias estilísticas entre el español mexicano, con sus influencias del náhuatl y del castellano, y los dialectos rioplatenses de Argentina y Uruguay. Por ende, si los presupuestos ajustados y las facilidades que aporta la tecnología hacen económicamente atractivos a los traductores en otros países, sería bueno tomar en cuenta que su trabajo podría no ser la mejor opción geográfica en cuanto al español del usuario final, lo cual, de nuevo, podría ocasionar gastos adicionales para lograr transmitir bien el mensaje. Y eso podría ser la diferencia entre un mensaje traducido (ver arriba) y un mensaje comprendido.

Mi experiencia práctica, de más de veinticinco años, me da una capacidad casi innata para proporcionar servicios profesionales, de alta calidad, puntuales, eficientes, acertados y con valores agregados.  Soy ciudadana estadounidense y vivo los Estados Unidos, pero sigo manteniendo raíces y vínculos fuertes con México, mi país natal. Como habitante y producto de la frontera lingüística norteamericana, comprendo a fondo lo que significa ser un engranaje viviente del mecanismo cultural latino en Estados Unidos. Trabajo con una gama amplia de clientes y me siento igual de capaz para traducir, interpretar, redactar o editar por mi cuenta o como parte de un equipo.

Permita que mi experiencia cuente para usted: tiene un mensaje que merece ser compartido y yo hablo su idioma. ¡Hablemos con el mundo!

Inicio ‹› Clientes: Página 1, Página 2, Página 3 ‹› Interpretacion ‹› In English
© Mati Vargas-Gibson, 2009-13; All Rights Reserved